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Facturas falsas, autoridades inexistentes

Dr. Silvino Vergara Nava


“Si quieres paz, preocúpate por la justicia,
la ausencia de la justicia obstruye
el camino hacia la paz”

Zygmunt Bauman


Llevamos ocho meses con la nueva administración pública federal y, desde luego, en estos tiempos tan efímeros, rápidos, veloces o —como lo sostenía Zygmunt Bauman, escritor que, para entender nuestra realidad, hay que consultar—, o “tiempos líquidos” (Tiempos líquidos, Ciudad de México: Ensayo TusQuets, 2013), se requiere observar los frutos de ese cambio a la brevedad posible, de inmediato, Por lo cual, cuando no se detectan o materializan, entonces, se inician los rechazos y las críticas que algún día fueron votos a favor y aplausos.

Pareciera que esto sucede ahora con las políticas tributarias, que se han reducido a dos puntos: la persecución de facturas apócrifas y el rechazo a las condonaciones de impuestos. En el caso de las primeras, se han puesto en ocho columnas cálculos de las pérdidas millonarias para la autoridad fiscal que representan en recaudación, los montos que el Estado deja de percibir para sus fines, y se muestra una preocupación generalizada en los medios de comunicación; pero poco se habla de la profundidad del tema. Precisamente —como lo sostiene el profesor polaco Z. Bauman— hoy no profundizamos, vivimos en tiempos de “surfistas” y no de “buzos”, es decir, los problemas y las posibles soluciones no se profundizan, se ven superficialmente. Esto es, pues, lo que ha sucedido con el caso de las facturas falsas o apócrifas: no se ha profundizado en el problema. Entonces, la solución es sencilla, aumentar las penas, las multas y los delitos: una respuesta de “surfista” y no de “buceador”. La diferencia es que la primera es momentánea, temporal, esporádica, que, por tanto, provoca que la autoridad pierda validez, presencia, en resumen, legitimidad. Por su parte, las respuestas que profundizan son verdaderas soluciones y, como consecuencia, brindan legitimidad a las autoridades.

Para resolver el problema tan grave de esas prácticas es necesario que se profundice en las causas que las provocan; pero, por lo visto, las políticas públicas actuales no pretenden hacerlo. Aquí algunas de esas causas. Las personas físicas con actividades empresariales solo cuentan, en términos generales, con dos regímenes (el de incorporación y el general de ley); no hay un régimen intermedio que, por lo menos, medie en un trato más proporcional y justo a favor de los contribuyentes. Por ende, la carga fiscal es agotadora y una salida son esas prácticas indebidas. En su caso, los asalariados son los que se encuentran peor situados, tienen más restricciones con sus gastos para poder hacerlos deducibles y, en el caso de que puedan hacerlo, deben cumplir con formalidades extremas para que se les pueda considerar, simplemente, sus deducciones.

En el caso de las empresas, el tratamiento es absurdamente discriminatorio y descomunal; pues deben cumplir con requisitos exhaustivos para hacer deducibles sus operaciones y deben marchar al mismo ritmo que las grandes empresas transnacionales. Es decir, las simples empresas nacionales, familiares, pequeñas, en la ley, no cuentan con un margen para determinar tratamientos diferenciados a los de los grandes contribuyentes; digamos que se encuentran en la misma arena de aquellas empresas monopólicas que han devorado la economía nacional, la producción del país y que han provocado el cierre de muchas, pero muchas empresas mexicanas micro, pequeñas y medianas. Para prueba de ello, es muy claro simplemente voltear la cabeza y observar por doquier que muchos de los productos son comercializados por esos grandes monopolios. A las empresas pequeñas les queda muy poco del mercado, además de que hay un tratamiento fiscal inequitativo para esas empresas globales; no cuentan con recursos financieros, al tratarse de empresas familiares, ni, desde luego, cuentan con créditos de las instituciones financieras; menos aún, pueden pensar en contar con sus propias marcas, registros e invenciones, porque el país no brinda tecnología, las universidades que pudieran producir invenciones están muy alejadas de las empresas y viceversa. Además, los permisos, las licencias, las autorizaciones para el empresariado nacional son, a veces, casi imposibles de cumplir; los contribuyentes nacionales viven ante la amenaza de la clausura, de la multa o del embargo. Entonces, con esa realidad, desde luego, no se tienen ojos ni mente para poder implementar planes de crecimiento; todos los planes son de mera subsistencia y es, entonces, cuando se aplican esas prácticas incorrectas de operaciones y facturas apócrifas. Por ello, la realidad no es solamente aumentar las penas del “surfista”.

Con esa realidad vive una gran cantidad de contribuyentes medianos y pequeños; por lo tanto, se debe profundizar en soluciones al problema de las facturas apócrifas, pues pareciera que esa práctica incorrecta tiene mucho que ver con la actividad económica del país, con la forma en que está desbordando el capitalismo financiero. Aunado a esto, las políticas tributarias, al no observar estos males, no analiza excavando en el problema. Pero de hacerlo así, de analizarlo como el “buzo”, se legitimarían las instituciones del Estado y se modificaría el sistema tributario, que es donde se encuentra la razón del mal. De lo contrario, seguirá el país con soluciones superficiales y, desafortunadamente, con facturas falsas y, como consecuencia, autoridades ilegítimas, es decir, autoridades inexistentes.

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