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El precio del petróleo: el termómetro de la fiscalización

Dr. Silvino Vergara Nava


«Los macrodatos han hecho superfluo el
pensamiento porque, si todo es contable,
todo es igua […]. Estamos en medio del dataismo».

Byung-Chul Han


El año para olvidar en el mundo: 2020. Dentro de todos los desastres que se presentaron en él, uno fue el valor del barril de petróleo mexicano, el más bajo de los últimos 18 años (incluso, algún día, el valor del crudo apareció en negativo); lo cual, para la economía mexicana, es una catástrofe, pues México, durante la gran parte del siglo XX y de este nuevo siglo, se ha mantenido con la extracción del petróleo. Ahora bien, en fechas del 2020, pese a que estábamos atravesando por el momento más crudo de la pandemia con cierre de locales, negocios, empresas, talleres, oficinas, con desempleo al por mayor, enfermos, más enfermos y, desafortunadamente, muertes por doquier, lejos de que las autoridades fiscales extendieran la mano a los contribuyentes, sucedió que, en primer lugar, ellas no consideraron esos días como inhábiles y, por el contrario, los plazos de los procedimientos que se llevaban a cabo por medios electrónicos siguieron corriendo. En segundo lugar, se dio un incremento de las políticas de fiscalización y de recaudación, por un lado, con declaraciones de las propias autoridades fiscales, por otro, con las invitaciones, requerimientos, etc. Por tanto, esto evidencia algo muy claro: el mejor termómetro de las políticas públicas recaudatorias y de fiscalización es el valor del petróleo.

Resulta muy interesante analizar que, si el valor del barril de petróleo mexicano está a la baja, como sucedió el año pasado, inmediatamente aumentan las acciones de fiscalización y los procedimientos de recaudación de contribuciones de las autoridades fiscales en México. Prueba de ello son las acciones de las autoridades fiscales del año pasado, recaudando, supuestamente, a las empresas transnacionales, al grado de que colegios de abogados en Estados Unidos de América exigieron a las autoridades mexicanas que no llevaran a cabo lo que denominaron como acciones de «intimidación» a los contribuyentes norteamericanos radicados en México, misma acciones a las que pomposa y oficialmente aquí se les llama «invitaciones», aunque, por lo menos hasta el año de 2020, no estaban previstas en ley. Estas prácticas han sido muy recurrentes con las autoridades fiscales, sobre todo, desde la administración pública federal anterior y continuando en la actual; la cual, por más transformación, ninguna ha ocurrido, pues siguen las mismas leyes y, principalmente, las mismas prácticas de fiscalización y recaudación, ahora más burocratizadas gracias a los medios electrónicos.

Prueba de que se debía legalizar las prácticas indebidas de las autoridades de citar a los contribuyentes en las oficinas de las autoridades fiscales, atendiendo a que no había sustento legal alguno, es la reforma fiscal de 2021; con la que se ha establecido expresamente la procedencia y facultad de las autoridades fiscales para llevar a cabo las «invitaciones» para que los contribuyentes acudan a las oficinas de las propias autoridades fiscales (artículo 33° del Código Fiscal de la Federación). Una práctica que no resultará muy correcta, pero el paso del tiempo lo comprobará.

Por su parte, en los desastrosos momentos del 2020, incrementó la presencia de las autoridades fiscales ante los contribuyentes simplemente por lo que representaba el valor del barril de petróleo mexicano.

Pero cuando el valor del petróleo resulta más estable —como está sucediendo en este inicio de año de 2021— y estando a la vuelta de la esquina las elecciones intermedias federales, se ha evidenciado que se ha minimizado la presencia fiscal de las autoridades ante los contribuyentes. Evidentemente, bien se puede concluir que el mejor termómetro de las políticas tributarias es el valor del petróleo mexicano.

Con estos sucesos de 2020 e inicios de 2021, se han modificado, en parte, las tendencias iniciadas en la administración pública federal del sexenio anterior, con las que se pretendía alejar las finanzas públicas mexicanas de la dependencia total del valor del barril del petróleo. Sin embargo, a lo largo de la historia reciente esa dependencia ha sido permanente; salvo el año pasado, cuando, incluso, se «celebró» el incremento y nuevo record de los envíos de dinero de los migrantes mexicanos denominados «remesas”», porque éstas, en parte, compensaron el raquítico valor del barril del petróleo. Pues bien, con lo que está sucediendo actualmente con el valor del barril del petróleo, lo que se confirma es que su precio es el termómetro de las acciones de fiscalización y recaudación de las autoridades fiscales hacia los contribuyentes. (Web: parmenasradio.org).

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