ArtículosLa reforma fiscal 2022: un discurso político.

noviembre 22, 2021por Editor0

Dr. Silvino Vergara Nava

Lo que defendemos, en el plano

de la filosofía política, son las

constituciones (que consideramos) democráticas

Luigi Ferrajoli

Estamos en la época de la pos-modernidad, que es en la que nos corresponde vivir, una de sus características es lo que sucede con el tiempo de los seres humanos. Decía, desde hace casi cien años el principal filósofo del siglo XX, el alemán Martín Heidegger (1889-1976), quien, por cierto, comulgó con el partido nazi y al final de la segunda guerra mundial salió huyendo de Alemania y se alojó en la España de Franco, que: “cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y simultaneidad… ¿hacia dónde?, ¿y después qué?”.

Esa sentencia del filósofo y rector de la universidad de Friburgo, en Alemania, ya predecía lo que se está presentado en la actualidad, la vida que se ha convertido en “simple rapidez”. Mucho de ello se debe a los avances de la ciencia y la tecnología, incluso, sostenía el profesor alemán, que los científicos: “hacen ciencia sin conciencia”, es decir, que desarrollan sus inventos y descubrimientos, sin conocer las consecuencias de los mismos y, sobre todo, sin saber si estos son útiles para la humanidad o quizás para el propio extermino de la misma.

Atendiendo a esos descubrimientos de la ciencia y la tecnología es que el tiempo, en la actualidad, juega un papel fundamental en la vida de mujeres y hombres. Muchos nos hemos quedado con la idea de que los seres humanos nos limitamos a solamente: “producir y a consumir”. Producimos en tanto estamos laborando, pero en los tiempos de ocio, de vacaciones, de días inhábiles, simplemente consumimos, por muy limitada que sea nuestra capacidad de consumo, estamos consumiendo, y en esos dos verbos se reduce el tiempo de los seres humanos a decir de Bill Gates, que más que empresario se ha pretendido convertir en la voz de la conciencia de la humanidad actual, por lo menos del occidente.

Por su parte, otros sostienen que solamente nos hemos reducido en esta pos-modernidad a “consumir o a ser consumidos”, porque normalmente somos consumidores, incluso cuando estamos laborando, pero somos consumidos en tanto tenemos la capacidad de laborar, de prestar un servicio, de ser útiles para otros, y ese momento es en el que nos están consumiendo, hasta que por el paso del tiempo nos consumimos totalmente.

En la modernidad –que el esplendor de esta fue el siglo XIX- se sostenía que con los avances de la tecnología y la ciencia llegaría un momento en que el ser humano podría dedicarse en su vida a realizar otras actividades que no fueran necesariamente el trabajo, que ese tiempo invertido en el trabajo lo iban a absorber las maquinas, por tanto, los seres humanos podríamos dedicarnos a la pintura, a la poesía, a la escultura, a las bellas artes en general, sin embargo, esto no luce como que haya sucedido de esa forma. Pareciera que las maquinas, lejos de permitir que se tuviera más tiempo para otras actividades distintas al trabajo, han provocado que se abran más tareas en los centros de trabajo, ya que gracias a los avances, por ejemplo, de la tecnología de la información, se pueden tomar estadísticas datos, explorar nuevos mercados, que sin ellas no habría forma de llegar a esos datos, por lo cual esto ha hecho que ahora se tenga la necesidad de invertir tiempo de trabajo en lo que anteriormente era inimaginable que sucediera, por ello es que se hace la pregunta, ¿quién gobierna, las maquinas o el ser humano?

El tiempo resulta tan indispensable en esta época que son comunes las frases como: “no da tiempo para nada”, “el tiempo es oro”, y otras más que representan que, precisamente, estamos ante la presencia de una época de la aceleración, como bien lo sostiene el filósofo coreano avecindado en Alemania, Byun- Chul Han, que hace mención de esa vida apresurada en la que nos movemos. Tal es el caso del éxito de las cadenas de restaurantes de comida rápida, están diseñados para que las personas acudan a comer, tan rápido como si se tratara de poner combustible a un vehiculo para seguir su camino, a lo que se ha denominada como “macdonalización”, que es toda una forma de trabajo estandarizado, pero que parte de la idea de que el tiempo es indispensable para los comensales. Por ello es que, esas empresas de comidas rápidas, han provocado la creación también de la comida congelada, de los supermercados donde el consumo atiende a la rapidez del consumidor, o bien, de equipos electrónicos, como los hornos de microondas que hacen que la comida sea simplemente una especie de “carga de combustible” para continuar el camino.

Esta aceleración de la vida se ve en muchas de nuestras actividades cotidianas, por ejemplo, las carreras universitarias ya no son de cinco años como regla general, se han reducido a cuatro años o incluso a tres años, los cursos y seminarios de capacitación que anteriormente eran de seis u ocho horas para los profesionistas y empleados de las compañías se han reducido a tres o dos horas de duración, tanto por la vida acelerada, como la consecuencia que ha provocado: la falta de paciencia. Y qué ejemplo mayor tenemos de actividades como la lectura. Cada día se le invierte menor tiempo a leer un libro. Incluso las editoriales y los escritores han reducido sus propios textos y los volúmenes de los libros, pues muy pocos se atreven a leer un libro de más de 500 páginas, hoy no pueden traspasar la frontera de 300 páginas porque se quedan en los anaqueles de las librerías; ya que pocos siguen con el interés de leerlos, pues hay escuelas, instituciones y universidades en las que ni los propios profesores leen, mucho menos llegan los universitarios en toda la carrera a leer un libro completo, y esto tiene que ver, en parte, con la aceleración de la vida y la falta de paciencia.

Desde luego que, los dispositivos electrónicos, celulares, tabletas, computadoras “personales”, son una muestra de ello, al hacerse uso de las redes sociales, que son una muestra de la aceleración y la falta de paciencia, solamente se ven los encabezados de las noticias, muy pocos pueden tener la capacidad de concentrarse en el desarrollo y explicación de esa noticia, los contenidos que se tramiten en las redes sociales son ideas muy cortas, parece que el ser humano está perdiendo la capacidad de la concentración con esta vida acelerada. Por ello es que habría que considerar que la vida es más que la simple aceleración, y esto es parte de lo que se debe de abocar esta “sociología de supervivencia”. (Web: parmenasradio.org).

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