ArtículosLas políticas de fiscalización: Jugando al error

marzo 15, 2022por Editor0

Dr. Silvino Vergara Nava

 

“Toda crisis es, en sí misma, la invitación a

un nuevo comienzo; todo fracaso de las

medidas estratégicas y pragmáticas a corto

plazo (de reorganización financiera de

la Unión, etc.) es una bendición encubierta,

una oportunidad para reconsiderar

los mismísimos cimientos”.

 

Slavoj Zizek

¿Se puede castigar cuando se apela al error del contribuyente?, ¿se puede aplicar “todo el peso de la ley” a un contribuyente que cometió la torpeza de no estar pendiente del buzón tributario?, ¿se pueden aplicar las multas y demás consecuencias a un contribuyente que no está atento en su domicilio fiscal de recibir notificaciones en tiempos de confinamiento?, ¿se puede recriminar al contribuyente, cuando todos los días en los medios de comunicación no se deja de hablar de corrupción de los altos funcionarios del Estado?, ¿se puede exigir que se cumpla puntualmente con el entero de las contribuciones por los contribuyentes ante la presencia permanente de depredación de los servidores públicos aprovechando sus cargos?. Pareciera que se ha perdido cualquier legitimidad por las autoridades fiscales en la actualidad para hacer cumplir las obligaciones a los contribuyentes.

Desde la sociología jurídica se ha puesto en la mesa la pregunta de: ¿Por qué se cumple la ley por el ciudadano?, la respuesta la pretende formular, a lo que se le denomina como: “la filosofía de la fidelidad a la ley por el ciudadano”, que propone diversas respuestas, la primera es porque lo dice la autoridad, lo cual, en el caso mexicano está rebasado, desafortunadamente, con lo que se dice y se hace, ha quedado rebasada cualquier legitimidad de las autoridades. La muestra es el cambio de partido en el poder, que en la mayoría de los casos siguen en los mismos cargos o en cargos similares las mismas mujeres y hombres que, con tal de mantenerse en el poder, han realizado actos “camaleónicos”, “gimnasia jurídica”, “contorsionismo jurídico” que los mantiene en sus cargos, si antes la bandera era otra, hoy simplemente se han cambiado de bandera o de camiseta, todo con el afán de mantenerse en el cargo público. Por ello es que no es argumento alguno para justificar el cumplimiento de la ley porque lo dice la autoridad. Y si a eso se le adiciona que son los representantes de la población la que aprueba las leyes, es evidente que no hay representación alguna, tal es el caso de la reforma de 2022 al código fiscal de la federación, no puede de un ejercicio fiscal a otro presentar más de 200 reformas que, desde luego, no les dio tiempo por lo menos de leer a diputados y senadores. El resultado es claro, una serie de trampas procesales como ha sido el caso del buzón tributario, en donde la autoridad apuesta al error del contribuyente, y lo peor es que la Corte sostuvo su “constitucionalidad” al sostener que es el medio “más eficaz” de comunicación de la autoridad al contribuyente. Habrá que analizar si eficaz es sinónimo de artimaña. Desde luego que está descontando que se cumpla la ley porque lo dice la autoridad.

La otra razón por la que se cumple con las leyes, particularmente en el caso de las fiscales, es por la sanción, ésta es más viable que la primera de las razones. Las sanciones que se aplican a la generalidad en realidad se aplican a unos pocos, aquellos que, se dice por la leyenda, están en el momento inoportuno en el lugar inoportuno, pero en realidad no se aplica a todos la ley por igual. En el fondo, cada reforma fiscal es más y más discrecional para las autoridades fiscales. Por ello es que, no se puede aplicar a la generalidad, es evidente que atrás de la discrecionalidad esta la corrupción, el negocio, la trampa para impedir que se aplique la ley a algunos (muchos) de los contribuyentes, por ello es que el riesgo de la sanción solamente es para unos cuantos, pero no para la generalidad. Y debido a esa amplia discrecionalidad en las facultades de las autoridades fiscales nos topamos con que resulta frustrante para las nuevas generaciones tantos estudios, diplomados, licenciaturas, especialidades, maestrías, doctorados si para resolver un problema fiscal se puede resolver por el camino falso y paralelo de la corrupción, que se promueve porque las leyes apelan al error, más ahora que, en tiempos de pandemia, pareciera que ministros, magistrados y jueces apelaban al error con la disminución de horarios de labores, modificación de días y horas hábiles sin avisos previos y prudentes, muchas de las ocasiones se daba a entender que los cuidados y prevenciones para evitar el COVID era asumiendo que solamente se resguardaba la integridad de los servidores públicos y que los contribuyentes se quedaran a su suerte. En resumen, pareciera que cumplir con la ley, sobre todo la ley fiscal, no es una razón suficiente para acatarla.

Y la sociología jurídica deja al final otra de las razones para dar cumplimiento a la ley por parte de los gobernados, esta consiste en que se cumple con la ley por su legitimidad, es decir, porque es correcto lo que regula, por ello es que hay que cumplir con la ley, porque lo que dice la ley en un régimen democrático está poniendo la voluntad de la población por lo que, si se cumple con la ley, se cumple con nuestra propia voluntad. Pero pareciera que la democracia en la legislación fiscal no ha llegado aún a México. Hace muchos años que no hay una convención abierta a los contribuyentes para una reforma hacendaria y cuando ha habido no se les invita. Hoy, los contribuyentes y los expertos y estudiosos en el ámbito fiscal están prestos a lo que se proponga en la iniciativa de reformas fiscales que se presentan el 8 de septiembre de cada año en la cámara de diputados, y la única instancia  democrática, es decir, en donde el sistema permite escuchar al contribuyente es en un  juicio de amparo, en donde muchas de las ocasiones se encargan de justificar lo injustificable para dejar la resolución de fondo para otra ocasión o, en su caso, para justificar la arbitrariedad, por ello es que no hay cabida a sostener que se cumple con la ley por su legitimidad.

Lo cierto es que hoy, las leyes fiscales, juegan al error del contribuyente. Es un hecho notorio, pero no para los tribunales, la existencia de tantos y tantos descuidos de los contribuyentes sobre la atención al buzón tributario, una legislación que impide que el contribuyente cumpla con sus obligaciones fiscales regularmente es una legislación tramposa, y esto sucede con tantas y tantas causales de negativa de renovación de la firma electrónica, lo cual provoca el impedimento de que el contribuyente siga cumpliendo son sus obligaciones, el resultado es la inocuización de estos contribuyentes, como si el premio para el sistema sea permanentemente anular a los contribuyentes sin importar el costo que represente para el gasto público, es decir, un sistema en donde, se insiste: “es más fácil hacer lo ilícito que lo licito”, no se puede sostener que hay razón para el cumplimiento de la ley, por el contrario, las políticas públicas juegan al error del contribuyente. (Web: parmenasradio.org)

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