Silvino Vergara Nava
“El gobierno no puede hacer
al hombre rico, pero puede
empobrecerlo.”
Ludwing Von Mises
En los datos oficiales que se publican constantemente se desprende que el crecimiento económico del país para 2026, no será en los términos que se habían programado, cada que emite un comunicado el Banco de México, sostiene que es un porcentaje menor, y en el caso del INEGI, resulta que comunica datos respecto a que la economía informal va en aumento y en decremento del formal, es más que hoy hay entidades federativas en donde hay mayor número de trabajadores en el campo informal que en el formal.
Al respecto, ya se han activado programas por parte del gobierno federal, los gobiernos estatales se encuentran en las mismas condiciones y los municipios, concretamente sus ayuntamientos, por lo menos, organizan ferias del empleo y cuanta ocurrencia de buenos propósitos se imaginan para tratar de aumentar la inversión y el empleo, pero todo eso se queda en simples buenos propósitos.
El problema es más de fondo, no es simplemente organizar ferias del empleo, o que acuda el secretario de economía de los gobiernos estatales a los desayunos y comidas de los empresarios, o bien, que se active un plan que pretende abatir los tramites administrativos, que al final lo único que se hace con esos cambios, es conformar los trámites más confusos y complicados y que, el único que celebra esos cambios es la eterna corrupción.
No hay solución al respecto si es que no se inicia con una reforma fiscal, el problema es que en este país se ha asumido que reforma fiscal es sinónimo de aumento de impuestos, por eso es que nadie tiene interés en una reforma fiscal, los empresarios y contribuyentes en general la rechazan porque una reforma fiscal es aumentar impuestos, y los políticos actuales pensar en una reforma fiscal, es sinónimo de menos votos para sus campañas respectivas, por ello es que no se menciona al respecto una reforma fiscal, ni por ocurrencia, por ello es que esa reforma fiscal para impulsar la economía esta estancada.
Otras alternativas para mover la economía del país, son simples ocurrencias, como es el caso del mundial de fútbol, nadie en su sano juicio vio turistas de otros países en otras ciudades que no fueran las tres sedes de los partidos de fútbol, por ende lo único que benefició es que se le dio su arreglada al vetusto aeropuerto de la ciudad de México y se pintaron algunas calles aledañas para que no se lleven la impresión los pocos turistas de un México y su economía tirada a su suerte.
Además, México es un país en donde hay constantes cambios constitucionales, por lo menos en esta administración pública federal y considerando un par de meses previos, ya contamos con 27 decretos de reformas constitucionales, los cambios jurídicos representan siempre incertidumbre e inestabilidad económica, es evidente que con estos cambios no hay mucho interés por invertir en nuestra nación, pero si a eso se le aumenta la problemática de la relación política que existe entre México y Estados Unidos de América, es suficiente como para sostener que no hay mucha escapatoria de que la incertidumbre esta a flor de piel, basta con considerar las últimas noticias respecto al tratado de libre comercio que no se va a renovar, que se va a revisar cada año, que solamente son signos de incertidumbre para invertir en un país que no da seguridad de nada.
Realmente, si se requiere de una reforma fiscal y laboral, en donde el costo de contar con un empleado formal sea más económico y menos burocrático que contar con ese empleado de manera informal, siempre los gobiernos resumen su acción en combatir las prácticas para disminuir el costo laboral, pero nunca se quieren meter a analizar porque se llevan a cabo esas medidas que incluso, son desde el ámbito jurídico-penal temerarias, pero las hacen los contribuyentes porque muchos de ellos no tienen otra escapatoria.
Incluso, si se contara con una reforma fiscal en donde no se tenga que invertir tanto tiempo, dinero y esfuerzo para los contribuyentes, simplemente para tratar de cumplir con las obligaciones fiscales para hacer deducible una simple operación económica, miles de problemas se evitarían e incluso de esa forma se combatiría la compra de facturas que tanto alarde hace la autoridad fiscal en su persecución, cuando son ellos mismos los que lo fomentan a través de estas leyes.
Además, es imprescindible una reforma fiscal en donde se deba de exterminar completamente que, para validar si se cumple con las obligaciones fiscales, quede a la discreción de una autoridad fiscal que sobre todo no cuenta con carrera en esas oficinas, sino que está allí situado por compadrazgo o algún buen samaritano que lo acomodó, y que sobre esta persona se definirá el futuro económico de una empresa, este es uno de los temas más complicados en esa legislación repleta de discrecionalidades a favor de la autoridad fiscal, y desde luego, de la ignorancia, la prepotencia y la corrupción.
Si se considerara reducir el costo de las obligaciones fiscales, iniciando con el costo fiscal de contar con trabajadores, solamente con esa reforma se duplicaría el número de empleados de una negociación, si se partiera de que es necesario modificar y derogar tantas obligaciones fiscales formales, que lo único que hacen es convertir a un contribuyente incomodo en un perseguido político.
Si se tuviera la voluntad de resolver este problema de la ausencia de crecimiento económico de la nación, simplemente basta con verificar el convenio de coordinación fiscal que se tiene entre la federación y las diversas entidades federales que lejos de cumplir con sus mandatos, en realidad se ha convertido en una especie de garrote político contra los adversarios de los gobiernos estatales.
Y para rematar, es más que necesaria una reforma penal, ya que se ha constituido en toda la nación, por cada una de las entidades federativas, una unidad de inteligencia financiera a nivel estatal que más que buscar a los supuestos delincuentes, se han dedicado a perseguir a los enemigos políticos, sobre todo considerando que su función está duplicada con la materia federal. Así, con muy pocas reformas la economía estaría en otras condiciones, pero el problema es que si sucediera eso, entonces que haría el Estado y sus instituciones, sino tienen materia prima para perseguir, auditar, sancionar, incriminar.
(Web: parmenasradio.org)