1992: ¡TLC no! en 2026: T-MEC, ¡Y, si si!

Silvino Vergara Nava

“La razón principal por buscar [el T-MEC]

fue porque no teníamos salida del TLC,

que fue el peor tratado

comercial hecho en la historia”

Donald Trump

Hace 34 años en México, en cualquier calle, en cualquier pared, aparecían pintas de las que se leía: TLC no, previendo la gran oposición de esos tiempos las consecuencias a suscitarse de celebrarse ese tratado, particularmente, sobre la economía nacional y no nada más con la economía, sino con la propia cultura, la política, el derecho y de paso hasta las costumbres mexicanas.

Al final en el mes de diciembre de 1992 los tres países firmaron el tratado, acordaron los términos del mismo y finalizó esa historia con la vigencia de dicho tratado a partir del 1 de enero de 1994.

Efectivamente México cambio rotundamente después de ese tratado, se contó con más empresas extranjeras, se instalaron una gran cantidad de negocios y corporaciones transnacionales de servicios, de autoservicio, etc. En México, explotó el consumo, algo de lo que no estábamos acostumbrados los mexicanos.

Hay que recordar que esas generaciones que estaban creciendo en aquella década de los noventa y décadas anteriores, la ropa del hijo mayor pasaba a los hermanos menores, sin comentario alguno, hoy es absolutamente imposible por todo lo que rodea a la sociedad con el exceso de consumo en el que hoy convivimos, pues mercancía hay para todos los gustos, de todos los precios, de todos los colores, lo importante es consumir: el producto extranjero.

De paso, con el tratado de libre comercio, se acabaron las pequeñas empresas mexicanas, las marcas de mercancías nacionales, las tiendas atendidas por sus propios propietarios, vimos que esos propietarios de esos negocios se convirtieron en maquiladores de empresas extranjeras, o bien, se transformaron en los gerentes de las empresas que tuvieron que vender a inversionistas extranjeros. En otros casos, estos empresarios, se quedaron como empleados o bien, bajo esos programas de planeación fiscal, en empresas de subcontratación denominadas: “outsourcing”.

Otros empresarios de aquellos que contaban hace 30 años con fábricas y talleres, se han transformado en contratistas del gobierno, hoy las grandes fortunas provienen de los contratos que se firman con el gobierno, no hay competencia, el cliente es seguro y el pago aun más a pesar de que no haya mercancía que entregar, ni servicios que prestar.

Unos empresarios más, ya están apuntados y formando las filas de las instituciones gubernamentales o bien, miembros de esos partidos políticos que no representan a nadie y que todavía andan buscando sus propios ideales que solamente los copian de las posturas de izquierda o derechas, según lo que este de moda en ese momento.

Quedan otros empresarios de esos tiempos más honestos, que dejaron sus giros textileros y comerciales, y se convirtieron en desarrolladores inmobiliarios, o bien, en productores en el campo para vender los frutos de los que sus clientes extranjeros les ordenan que siembren, con las semillas elaboradas en un laboratorio transnacional.

Unos más se han ido a los giros negros, a la economía informal, a importar productos particularmente de Asía, que se han dedicado a quebrar las pocas empresas mexicanas que aun subsisten desde esos tiempos más por resistencia que por otras razones.

Quizás, faltaría considerar aquellos que viendo que el petróleo ya no mueve la economía nacional, el exceso de corrupción en que se vive en cualquier nivel de gobierno, y la impunidad de todos los días, prefirieron invertir en otras naciones.

Así, nos acostumbramos a vivir con este tratado comercial con Estados Unidos de América y Canadá, que dio una vuelta de 180 grados con el nuevo tratado de comercio que inició su vigencia el 1 de julio de 2020, y que es el que se está poniendo en tela de juicio su permanencia, que pone a cualquier ciudadano de a pie a temblar, aunque no sepamos por qué, y entonces los rumores, o las noticias a medias, que si se va a revisar cada año el tratado, y que si después se prorroga, y que sino mejor se cancela, y que los canadienses no dicen nada, que los que hablan y mandan son los representante de Estados Unidos de América.

En tanto, todos nosotros, los mexicanos acostumbrados a esta forma tan extraña de la economía nacional, andamos muy preocupados con lo que se haga o deje de hacer con ese tratado internacional desde Washington, pues ya nos acostumbramos a vivir en esta la economía nacional sin transformación y con el exceso de consumo.

(Web: parmenasradio.org)

Compartir

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Email