Silvino Vergara Nava
“Ya se acabó la corrupción”,
“Ya puedo decirles con la frente en alto,
viéndoles a los ojos, ya no hay corrupción.
Puedo hasta sacar mi pañuelo blanco…
Nosotros no somos iguales”.
Andrés Manuel López Obrador
31 de agosto de 2019
“¡¿Cómo creen que vamos a
hacer promoción del voto?!,
si no somos iguales.”
Claudia Sheimbaum Pardo
20 de octubre de 2025
En las últimas semanas, se puso mucha atención por los medios de comunicación el seguimiento de las elecciones presidenciales en Perú y en Colombia, sosteniéndose que fueron sumamente reñidas las elecciones, pero en ambos casos resulta que los ganadores fueron los representantes de los partidos de derecha.
A estas derrotas de las izquierdas, hay que sumar las elecciones en Costa Rica en este año de 2026, que también llegó una presidenta de derecha, y en el año de 2025, Ecuador, Honduras, Bolivia y Chile, corrieron con la misma suerte de que ganaron las elecciones presidenciales los postulados por partidos de derecha. Y falta sumar la detención de Maduro, que la presidenta interina de Venezuela se convirtió en aliada de la derecha inmediatamente.
La reacción de los derrotados, de los partidos de izquierda, es entre otras cosas, la justificación de la influencia que ha tenido el gobierno de Trump de los Estados Unidos de América en la región, lo que está sucediendo en Venezuela, la amenaza que existe en Cuba, la relación ríspida que se tiene por casa blanca con el gobierno mexicano, aunque dicho sea de paso, pareciera esa relación ríspida únicamente de dientes para afuera, ya que el gobierno mexicano hace todo lo que le solicita Washington y cuando no lo hacen o no entienden, inmediatamente llega una delegación del gobierno norteamericano a reprimir al palacio nacional.
Sin embargo, es la presidencia de Trump, una forma de justificar las izquierdas sus derrotas en las elecciones presidenciales y, lo cierto es que, ninguno de estos derrotados se ha puesto a meditar si es que la derrota en realidad fue causada por esta influencia o bien, algo tuvo que ver la soberbia de quienes forman parte de las izquierdas.
Hay que considerar que en esta crisis de inicio de siglo, resulta un tanto complicado saber que gobiernos son de izquierda y cuales de derecha, pues ambos justifican sus funciones gubernamentales protegiendo y tutelando los derechos humanos de la población, y a veces hacen cosas similares. Aun así, si se puede delimitar una distinción clara entre ambos, ya que las izquierdas protegen derechos de igualdad y las derechas protegen mayormente derechos de libertad.
Sin embargo, surgen muchos problemas al respecto porque las derechas lejos de proteger derechos de libertad del ciudadano de a pie, protegen derechos de propiedad privada, y no propiamente derechos de libertad, de paso, consienten a los más ricos, a los monopolios, a los bancos, y por eso con el tiempo la población se desgasta y termina dándoles la espalda, como sucedió en México después de las presidencia de Fox, Calderón y Peña Nieto que fue hasta ese momento en que reventó la población contra esos postulados de derecha.
Pero, en el caso de los gobiernos de izquierda, resulta que pretendiendo tutelar los derechos de igualdad, se confunden con la igualdad simple y la igualdad jurídica, muchas veces por su ignorancia, asumiendo que es muy fácil postularse en gobiernos de izquierda, o bien, porque está de moda y se sitúan en esa postura, aunque de origen no son mujeres y hombres de izquierda y menos aun la entienden.
Como ejemplo vivo tenemos que dan tratamientos igualitarios de forma muy rudimentaria, como es el caso de las políticas públicas con las pensiones a los ciudadanos, que se dan sin distinción alguna, eso es igualdad simple, cuando se debe considerar una igualdad jurídica, es decir, dar esos apoyos a quien efectivamente resulta necesario, esto es: “dar a cada quien lo que le corresponde”.
Ante esa confusión e ignorancia, los gobernantes de izquierda confunden a la administración pública con una asociación o fundación de caridad, por lo que se la viven repartiendo despensas, escobas, tinacos, pintura, etc., y olvidan la administración de la nación y son muy, pero muy malos administradores de la riqueza de los gobiernos, por lo que acaban quebrando la economía de sus países y, por su ignorancia y torpeza, no se dan cuenta de la realidad.
Pero, mas que nada demuestran mucha soberbia, ahora con la frase de que: “No somos iguales”, acaban sacando el palo de la fiscalización tributaria o el palo de la justicia penal para perseguir a sus opositores, desde luego que con esa actitud están sentados no en la silla presidencial de una nación, sino que están sentados en una bomba de tiempo que tarde o temprano los revienta y expulsa de los gobiernos.
Eso es lo que ha pasado últimamente en América latina, la población se canso de la ignorancia de quienes fueron postulados por los partidos de izquierda, y el problema de contar con el poder y sumada esa ignorancia es que les brota la soberbia, más como defensa y barrera ante los embates de las críticas de sus gobiernos, de su pésima administración y por ello es que van destinados a la derrota, ese velo de soberbia es el que hace que no se den cuenta que no gana la derecha en las naciones, sino que quien ganó las elecciones fue la soberbia de las izquierdas, que hacen que automáticamente gobiernen las derechas y lo que es más grave se perpetúen en el poder.
(Web: parmenasradio.org)