El confesionario del siglo XXI

Silvino Vergara Nava

“La privacidad no se trata de tener

 algo que ocultar.

Se trata de tener el derecho a

controlar lo que otros saben sobre ti.

No podemos permitir que el

miedo nos haga renunciar a

nuestras libertades fundamentales”.

Edward Snowden

Dentro de la religión católica contamos con la institución de la confesión, una de las instituciones más importantes, sin embargo en los tiempos actuales, de las que nos hemos alejado más.

Y, una de las objeciones que se dan, por el desconocimiento de la importancia de la confesión, es que existe cierta privacidad que debemos de dejar en nuestra propia intimidad para que no sea del conocimiento de alguien, por el riesgo que se haga uso de ella, o de múltiples consecuencias que pudiera tener en perjuicio del quien se confiesa, como si tuviéramos la preocupación de lo que pueda decir o hacer el sacerdote enterándose de la confesión.

En la modernidad, lo que ha sucedido es que se fue implementando el reconocimiento de una gran cantidad de derechos de hombres y mujeres, a los que se les llamó: “derechos humanos”, luego ya previstos en las constituciones decimonónicas, se les denominó: “derechos fundamentales o derechos constitucionales”, y dentro de estos derechos, se cuentan con los derechos de privacidad y de intimidad.

Así, el derecho a la intimidad y el derecho a la privacidad, son derechos esenciales que se han ido exigiendo con el paso del tiempo, sobre todo, como se ha indicado a partir de la modernidad, y se asumió que se trataba verdaderamente de derechos, de los denominados derechos de libertad de los seres humanos.

Sin embargo, estos derechos reconocidos en los tiempos de la modernidad, se han ido expandiendo, otros más desafortunadamente se han ido disminuyendo e incluso, desapareciendo, pues para que no desaparezcan es necesario que las nuevas generaciones luchen por la existencia y vigencia de esos derechos en los sistemas jurídicos de las naciones.

Además otros denominados indebidamente derechos, no son propiamente derechos, se les ha dado esa categoría, como el derecho al aborto, la eutanasia, que se hace mención que es el derecho al bien morir, o bien, el derecho de libertad de disposición del cuerpo de las mujeres, que lejos de que sean derechos en realidad, se trata de simples deseos humanos, que es muy distinto a los derechos humanos.

Los derechos humanos tienen enfrente necesidades que atender, por ende, los derechos humanos están ante necesidades, en cambio, los deseos humanos, como ahora el deseo a sentirse algún animal, son simples anhelos, que no es lo mismo, pero que en esta crisis de los derechos humanos que estamos viviendo, nos estancamos en está perdida de distinción entre los derechos y deseos humanos.

Sin embargo, si hay verdaderos derechos que se han ido perdiendo, y unos de ellos son los derechos de libertad, no es noticia para nadie que estamos permanentemente vigilados, revisado, inspeccionados, si bien, antes era con documentos de papel, con policías e inspectores de carne y hueso, hoy ya no es simplemente ese tipo de control, hoy estamos viviendo un control casi total, hasta de nuestros movimientos y de nuestro pensamiento.

Gracias a la tecnología de la información, particularmente con la inteligencia artificial, a la robótica y a toda la ciencia de la información, es que se ha logrado el control de las personas, a lo que se le denomina como: “ingeniería social”, es decir, toda la serie de mecanismos, procedimientos y técnicas para controlar a la población.

Si es que se conoce nuestros movimientos, nuestras tendencias, gustos, con quien nos relacionamos, nuestra simple rutina, se ha justificado porque se ha usado para un control de consumo, por medio de este nuevo capitalismo informático, capitalismo de la vigilancia, tecno-capitalismo, tecno-feudalismo, como muchos autores le han denominado.

En principio toda esta tecnología era para colocar de forma más rápida y efectiva los bienes y servicios a los consumidores, por eso es que cuando estamos platicando y alguien habla de un viaje a Acapulco, por citar un ejemplo, de repente en su computadora, tableta o celular, aparecen ofertas, excursiones, vuelos, restaurantes, hoteles, autobuses al respecto de ese destino, pero esto no ha quedado aquí.

El problema actual con las redes sociales es que se descubre cualquier ciudadano de a pie de su intimidad, de su privacidad, sin considerarlo obligatorio o una imposición, el principal problema con el que vivimos es que hoy estamos sumamente pegados a la pantalla y esto nos ha dejado fuera de nuestra propia vida, de nuestra propia realidad, de nuestro propio pensamiento, a través de estos medios nos estamos confesando diariamente, sin saber con quien, ni para que.

Pero, en ese confesionario electrónico, nadie dice nada, nadie la objeta, nadie se queja a diferencia de la confesión ante el sacerdote, esa es la radiografía de la realidad del humano en el siglo XXI.

(Web: parmenasradio.org)

Compartir

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Email