Silvino Vergara Nava
“Es difícil conseguir que un hombre
entienda algo cuando su sueldo
depende precisamente de no
entenderlo.”
Upton Sinclair
(1878-1968)
“En Dios confiamos”, es el lema de los Estados Unidos de América, que en realidad, es: “En el dinero confiamos”, pues en todos los billetes emitidos por el tesoro de aquella nación citan esta leyenda, de la economía más grade del mundo, por lo menos, es la población más consumidora de nuestro planeta y que los gobiernos mexicanos y nosotros mismos, los ciudadanos de a pie, no hemos sabido aprovechar para mejorar nuestras propias finanzas, seguimos siendo un país del tercer mundo, en vías desarrollo, o como se le quiera denominar, que conformamos a ese conjunto grande de naciones que viven a la orilla de las grandes potencias mundiales y que no podemos dar el brinco por muchos factores, pero principalmente por las torpes políticas públicas y por la indiferencia de la población.
Pero, esa torpeza de las políticas públicas está llegando a grados inimaginables en el México actual, por ejemplo, nunca habíamos estado tan endeudados como lo estamos actualmente, más con la autorización reciente del presupuesto de egresos y la ley de ingresos para 2026, todo da a entender que será un año en donde regresaremos a la década de los ochenta del siglo pasado, con unas crisis económicas que resultaban insostenibles.
Con nuestros gobiernos actuales, en todos los niveles, no ven más allá que el lema: “Ahora o nunca”, y que son; una serie de sujetos que ven la oportunidad de hacer negocio con todo lo que se les pone enfrente, que cada día es una oportunidad más para saquear al país, hasta en la propia desgracia, para muestra lo sucedido recientemente con las lluvias torrenciales en el norte de Veracruz, un estado casi perdido, como Tamaulipas, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Sinaloa y se siguen sumando, que han resultado ingobernables más que por la falta de capacidad de los gobernantes, sobre todo por esa ambición de encontrar en cada rincón de las actividades gubernamentales un negocio redondo, por lo cual se olvidan de lo que verdaderamente deben de llevar a cabo.
Y es que, si en la administración pública federal anterior, fue “como anillo al dedo” el covid, pues gracias a esta desafortunada desgracia, se justificó la parálisis gubernamental, en esta administración pública federal, está resultando igual con esas catástrofes de las lluvias en ese estado de Veracruz y otros más, pues es la mejor oportunidad de que ese puñado de gobernantes salgan en los medios de comunicación aduciendo que se está apoyando en la desgracia a los damnificados, algo que no se resolverá en un par de semanas, y que sucederá lo mismo que con las desgracias anteriores, como la del huracán de Acapulco que, dependerá de cada ciudadano como vaya saliendo adelante en cada una de las regiones afectadas y, que tardará años para ello, pero en tanto, la fotografía, el abrazo solidario, la entrega de la despensa del político del momento, será lo que sobresale, y en lo que sucede esto, pues la economía nacional se está paralizando.
Cuando se gobierna sin rumbo, sin saber a donde se deben de hacer las cosas, sin que exista más proyecto que diseñar las próximas elecciones, el efecto se observa en todos los servicios públicos que son indispensables para que la economía funcione, pues en la actualidad se requiere de una serie de permisos, licencias, autorizaciones para que la ciudadanía pueda trabajar y con ello mover a la economía, sin embargo, las instituciones gubernamentales están paralizadas, se preocupan más por el siguiente fin de semana, por la elaboración del informe al superior jerárquico que nadie lee, menos el jefe inmediato porque no entiende lo que está leyendo, o bien, están mas entretenidos en quien sustituirá al jefe en las próximas semanas, o en poner la ofrenda del día de muertos, para mostrar ese “nacionalismo” que: “nos están quitando a pedazos”.
Esa parálisis económica, que de la austeridad republicana a caído a la precariedad es la que viviremos constantemente en 2026, ya es lo de menos los baches en cada calle de cualquier ciudad, eso se pueden esquivar, el problema es la parálisis en que se encuentra la actividad gubernamental, no hay un papel, un trámite que se pueda mover, sino es con corrupción, o esperar que por “la ley de la gravedad” se muevan las cosas, por ello es que, la economía se tiene paralizada, porque se han colocado en muchos de los cargos públicos a políticos y no técnicos, que son esos personajes que ven si es que pueden aprovecharse en vender hasta el escritorio y la silla de la oficina publica en donde aparentemente laboran.
En tanto ¿qué sucede con el ciudadano de a pie? A este ciudadano, le sucede lo que se ha citado en el texto de la parte inicial de esta columna, no entiende las cosas que suceden, porque el no entenderlas depende de su pensión gubernamental que recibe, a costa de la austeridad republicana, que hoy se ha convertido en precariedad, por lo que, para 2026, lo único que nos queda es: “En Dios confiar”.
(Web: parmenasradio.org)