Silvino Vergara Nava
“El largo plazo ha sido
sustituido por el corto plazo.”
Zygmunt Bauman
“El presente absoluto destruye
toda proyección hacia el futuro.”
Byung-Chul Han
“Soy guadalupano, pero no católico”, es una de las expresiones comunes e irónicas que se escuchan en ocasiones en México, y que, desde luego, no resulta lógica, lo cierto es que de acuerdo al último censo oficial en nuestro país, esto es en 2020, ha disminuido la población católica, y como van pasando los años está disminuyendo el número de feligreses de la iglesia católica, lo cual genera muchas preguntas respecto al papel propio de la iglesia para retener a sus feligreses y el número de sacerdotes que cada año se deben de sumar, entre otras cosas, pero antes de todos esos cuestionamientos, el primero es: ¿a dónde se cobijan los que dejan la religión católica?, y la respuesta es que generalmente, a ninguna otra religión.
Y es que, pareciera que en estos tiempos de la post-modernidad, estamos regresando a tiempos similares a los del siglo XIX, en donde, se puso en tela de juicio a la religión, porque se decía, en esos momentos, que no era científica, es decir, no es comprobable su conocimiento, hay que recordar que el momento de mayor impulso al conocimiento científico fue ese siglo XIX, supuestamente la ciencia, particularmente la física, tenía la respuesta para todas las preguntas del ser humano, sin embargo, hoy ya no lo es, la ciencia también perdió su credibilidad, desde la primera guerra mundial, pasando por la segunda y por todas las catástrofes bélicas y ambientales que se han vivido últimamente, por eso es que, se vive entre otras cosas con la expresión de la post-verdad, porque se ha asumido que la ciencia, en parte ha sido el artífice de la descomposición del planeta y de los geonocidios y politicidios.
Hay que recordar que, la ciencia se hace la pregunta del cómo, en tanto que, la filosofía se hace la pregunta del por qué, y la teología se hace la pregunta del para qué, es decir, se hace la pregunta del sentido de la vida, y en nuestro tiempo ese es, en parte, el declive del número de feligreses, no únicamente en México, sino en el mundo, y no solamente de la religión católica, sino de todas las religiones.
Hemos dejado la pregunta del “para qué” en suspenso, porque se vive actualmente el momento, sin importar él futuro, por ello es que, muchas de las cosas que se suceden en estos tiempos tiene que ver con esa respuesta rápida, momentánea, de la ocasión, del ahora, en resumen, del presente, sin importar el futuro.
Basta asomarnos al fenómeno de la gentrificación, que consiste en que personas de otros países, culturas, idiomas, y desde luego, religiones, teniendo la oportunidad de trabajar por vía remota en las empresas que los contratan, dicho sea de paso, sin prestaciones de seguridad social regularmente, sino por pago de honorarios, por proyectos a lo que se llama contrato de “cero horas”, o bien, por un determinado número de horas de labor diarias muy reducido, que prefieren ubicarse fuera de las ciudades en donde radican, en donde son nacionales, donde crecieron, etc., y se instalan en lugares en donde, en ese momento, en este presente, la pueden pasar bien, y barato, ya el tiempo dirá que depara el futuro, simplemente se vive el presente y se olvidan del futuro, se olvidan de la pregunta “para qué”.
Pero, así como existe la estadística del número de feligreses que se van desintegrando de la iglesia católica, está el índice de natalidad, incluso, en las ultimas noticias de diciembre de 2025, se anunció que en Rusia, su propio presidente, dicho sea de paso: “perpetuo” en el poder, implementó una serie de prestaciones a los matrimonios y parejas que tuvieran hijos, ya que el índice de natalidad en aquel país está por los suelos.
Para no irnos tan lejos, en México es similar, la misma Secretaria de Educación Pública, ha anunciado que el número de niños que se incorporan regularmente a las escuelas primarias ha disminuido con relación a la década de los ochenta y esto se debe, entre otras cosas, a la disminución de la natalidad, las parejas y matrimonios ya no piensan en el “para qué” del matrimonio, sino en el hoy, en el presente, en lo que debe de vivirse y más que eso disfrutarse en el presente, por eso bajo ese pensamiento, es lógica la tendencia mundial de los matrimonios de personas del mismo sexo, su unión es para vivir bien, vivir el presente, gozar del hoy, tener hijos en un matrimonio, es parte de la respuesta del “para que”, y eso ya queda en el olvido.
Pero, eso no es todo, el otro problema es que se ha impulsado en las políticas públicas de las naciones occidentales, dentro de ese juego del palo y la zanahoria a la población, que resulta más importante tener a la población entretenida con la zanahoria que, con la imposición de la fuerza y la amenaza, es decir, con el palo, a las masas hay que gobernarlas con la zanahoria envuelta de simples paliativos, como es principalmente el consumo, para ello se requiere de las pensiones, que se han impulsado en el mundo occidental desde fines de la segunda guerra mundial, a lo que se denomina como la social-democracia, que ha llegado a México, unos cuarenta años después, pero que ha sido la forma de controlar a las masas, con esas pensiones se resuelven aparentemente, el presente, están entretenidos con el presente, sin importar el futuro, es decir, sin hacerse la pregunta del “para qué”, que es la pregunta que resuelve la teología, pero que hoy a muy pocos les interesa, por ello es que no es nada más la religión católica la que ha perdido feligreses, sino en general, se debe a esta vida momentánea, la del presente, la de disfrutar el hoy, sobre todo consumiendo, la pregunta que resuelve la teología, el para qué estamos aquí, de eso, ya vendrán otras generaciones que se preocuparan por ello.
(Web: parmenasradio.org)