Más parquímetros, más pobreza

Silvino Vergara Nava

“Estamos frente a la disyuntiva

entre democracia o mercado; entre

un mercado que se impone, a todo,

en todas partes y en cada momento,

o el desarrollo de una democracia

que responda a la

voluntad de los pueblos.”

Franz Hinkelammert

Estamos cumpliendo en Puebla más de dos meses aproximadamente, con la expansión de los parquímetros, ahora no hay espacio en la ciudad en donde no se haya instalado arbitraria y anti-democráticamente los parquímetros, no se escuchó a los comerciantes, a los vecinos, a las juntas de colonos, es decir, no se escuchó a nadie respecto a su implementación, tanto que se hablaba de la democracia, de escuchar al ciudadano de a pie, que mejor no se escuchó a nadie, una muestra de tecnocracia, más que de democracia, es decir, del gobierno de los técnicos, de los negocios, de la utilidad, de la ganancia, del lucro desmedido, que no importa que sea legitimo o no, lo importante es el lucro indebido, a pesar de la población.

La recaudación en esta expansión de los parquímetros es redonda, no es la recaudación por las horas de estacionamiento, sino por las multas, porque se quitan las placas, que ya se ha sostenido jurídicamente que resulta esta medida inconstitucional, pero se sigue haciendo, más ahora con los parquímetros, por tanto, habrá que ir a las oficinas del ayuntamiento a perder cuatro o cinco horas para pagar una multa y recuperar una placa de un vehículo.

Se multa a diestra y siniestra, no importa que sea un adulto mayor, que no tenga conocimiento del uso y aplicación electrónica del parquímetro, como si todos hubiéramos sido educados en el sistema escolar respecto a esas denominadas: “aplicaciones”.

Ahora, con estos parquímetros, resulta que se encuentra el ciudadano común, sorpresivamente con más vigilancia en las calles, pero no para evitar los robos, el saqueo de casas habitación, de los locales comerciales, eso es lo de menos, sino porque hay mas vigilancia para quien se estaciona con su vehículo, en estos denominados parquímetros, hay una gran cantidad de vigilantes, inspectores o como jurídicamente se les denomine, pues si corresponde a trabajadores de una empresa particular, resulta inconstitucional su actividad, sin embargo, allí están, caminando por lo menos en pareja, porque saben que su labor no es nada ética, moral, legitima y constitucional, por ello es que van en pareja o incluso, hasta en grupos de tres o más, amedrentando a cualquiera con la infracción, sin formas, sin respeto.

Así, estos inspectores no conocen de vigilancia de lo que resulta preocupante, robos, delincuencia callejera, saqueo de casas, de lo que se preocupan es de que un vehiculo se haya pasado el limite de horario para estacionarse, eso es lo preocupante, lo demás es intrascendente, además, no distinguen, simplemente, se aplica la reglamentación a raja tabla, no importa que el infractor sea un adulto mayor, una persona que no tenga conocimiento sobre los parquímetros, o un simple descuido, se ha multado a diestra y siniestra, sean sacerdotes, profesores, desempleados, madres, viudas, personas con discapacidad, etc.

Lo importante es juntar la cuenta y estar vivos en la quincena que se aproxima, nunca han pensado estos del “chaleco fosforescente”, si es que multar a un minusválido, a un adulto mayor, a un enfermo, sea éticamente incorrecto, no conocen la ética, como no conocen que su trabajo es tan desdeñable como subirse a un microbús y robarse el monedero de una mujer adulta mayor, allí están laborando día con día, como si su trabajo verdaderamente sea un trabajo, de lo cual, ya se perdió la dimensión de que se entiende por un trabajo, pues no se conoce cual es el significado del mismo. Un trabajo será solamente, si el fruto de ese esfuerzo es para un bien.

Lo cierto es que, para el ciudadano común, se ha convertido el parquímetro en los últimos meses en un costo de la vida adicional, consideremos a un empleado de un comercio o de una oficina, tiene la carga de pagar el parquímetro a partir de los últimos dos meses, que multiplicado por semanas, quincenas y meses, se convierte en una considerable cantidad de dinero que no tiene presupuestada para ese gasto, eso afecta a la capacidad económica de las personas, de las familias, pero sobre todo, a la clase media, que pareciera que es la castigada actualmente por el sistema y la quieren reducir a la clase baja, y esta clase baja a la inmensa sub-clase del “precariado”, en palabras del sociólogo Zygmunt Bauman.

Está comprobado que los parquímetros provocan más pobreza, las personas pierden esa capacidad económica que se tuvo en alguna medida por quien hace el uso del vehículo, son menos productivos por tener la obligación de estar buscando un espacio para su vehículo y estar midiendo los tiempos, preocupado por los inspectores que rondan en las calles de la ciudad, y que no son útiles, mas que para el sistema, porque no son capaces de por lo menos, reportar los baches, reportar semáforos que no sirven o que están pésimamente sincronizados, pero el sistema allí los tiene por lo que recaudan, son funcionales, es más, son tan funcionales que son los primeros consumidores en las tiendas ahora denominadas “de conveniencia”, que ya no pertenecen a la clase media, otrora denominadas: “tienditas”, sino que son de esas cadenas transnacionales, que son las que verdaderamente mandan a eso que se le llama gobierno democrático, sin lugar a dudas: “Entre más parquímetros, más pobreza”. (Web: parmenasradio.org)

Compartir

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Email