¡Parquímetros!: a un año de la privatización de las calles de Puebla

Silvino Vergara Nava

“En la civilización

del capitalismo salvaje,

el derecho de propiedad es

más importante que

 el derecho a la vida.”

Eduardo Galeano

Esta semana de mayo de 2026 se cumple un año desafortunado de la ampliación del programa municipal en la decaída ciudad de Puebla de los parquímetros, que no fue otra cosa más que la privatización de las calles, para que pasen a la propiedad privada de una empresa obscura, pero lo mas vergonzoso de todo esto, es que se llevó a cabo, en plenos tiempos de gobiernos de políticas públicas de izquierda.

Hoy, a un año de este estupendo negocio, la ciudad es otra, basta con observar las calles y calles vacías de vehículos en muchas colonias que parecen más de una ciudad perdida y abandonada que la capital del Estado de Puebla.

Es curioso observar como están asaltando a una persona en la vía publica y pasan los inspectores de los parquímetros solamente mirando el evento, lo que demuestra que en esta ciudad es más castigado  estacionar incorrectamente un vehículo que robar a un transeúnte.

Estamos cumpliendo un año de que las calles de la ciudad de Puebla, otrora patrimonio de la humanidad con todo el honor que eso representaba, está repleta de baches, pero eso si perfectamente pintados y delineados los espacios para los parquímetros privatizados, es más no están en muchas de las calles de lo que fue la señorial ciudad de Puebla, pintados los carriles vehiculares, pero no pueden faltar pintados esos espacios de los parquímetros.

Pero, si se trata de vigilancia, Puebla se ha convertido en un ejemplo nacional de vigilancia… ¡pero de los parquímetros!, pues pasan y pasan por todas las calles los inspectores de chaleco verde, hasta pareciera que salen de las coladeras estos pseudos-inspectores de los parquímetros, con toda la prepotencia que representa darle poder a quien no cuenta con la capacitación y la vocación para ello, imponen multas a diestra y siniestra, quitan placas, pierden los tornillos, no dejan las boletas de infracción, todo un escenario de impunidad, son un ejemplo de mujeres y hombres de la post modernidad, es decir, que nunca se han formulado la pregunta de si su trabajo es hacer un bien para la comunidad.

Estos sujetos que ambulan por las calles de la ciudad de Puebla en su carácter de algo así como inspectores, con un dispositivo electrónico levantando infracciones: ¿qué platicarán en su familia sobre su trabajo?, ¿no les cabe la vergüenza de quitarle la placa a un minusválido, a una persona de la tercera edad?, ¿qué pueden decir de su vida con un trabajo tan fútil?

Lo cierto es que deberían de tener cuidado los altos funcionarios que operan esta empresa con lo que se está viviendo todos los días en las calles de la ciudad de Puebla, porque la historia nos ha enseñado que con estos pequeños detalles de prepotencia, arbitrariedad, inicia la violencia a grandes escalas, pues si bien están más preocupados en esa empresa en la recaudación que en la convivencia social, no hay que perder de vista que estos pequeños actos de prepotencia y soberbia de estos inspectores “privados”, es la mecha que prende grandes conflictos sociales, basta con recordar el casos reciente en Estados Unidos de América de George Floyd y otros más que esperemos que no se presente nunca en esta ciudad de Puebla.

Si esta medida de poner parquímetros en colonias de la desmejorada ciudad de Puebla y hubiera sido democrática y no de una empresa privada, en primer lugar, no habría tantas calles expropiadas por la empresa que impuso los parquímetros, pero adicionalmente, no hay actualmente poder humano, para reordenar adecuadamente los espacios de estacionamiento, pareciera que quien ideo la colocación de los espacios lo hizo sin estudio alguno, pues hay espacios de parquímetros en entradas de cocheras de casas habitación, repletos los espacios para motocicletas que impiden que los vehículos se estacionen, lo mismo con espacios necesarios para estacionamiento de maniobras de negocios que están impedidos para estacionarse, en resumen, quien diseño la colocación de esos espacios lo hizo con los ojos cerrados, o bien, atrás de una computadora cómodamente sentado en una oficina fuera de la ciudad de Puebla.

Pero, lo peor de todo este vergonzoso escenario en Puebla, es que con esa empresa no hay canales para poder informar de estos graves errores en la colocación de los parquímetros, no hay con quien hablar, comunicarse, denunciar, para que se modifique esa señalización, es un ejemplo claro de la anti-democracia de una empresa, el no ver, no escuchar, no es otra cosa más que un ejemplo claro de este ambiente autoritario que se vive en una de las que, algún día, fue de las principales ciudades de la nación.

Y a un año de esta desgracia municipal, aun hay más, basta con circular por aquellas calles en donde se pusieron parquímetros por esa empresa que no es el centro histórico, como para que se pueda cerciorar que han cerrado una infinidad de negocios, talleres, tiendas, papelerías, panaderías, estéticas, etc., es decir se esta acabando con la microeconomía formal, que es parte importante de la economía de nuestra ciudad, está puesta en crisis, pero no es por la crisis mundial, o la crisis generada por otros factores nacionales, sino una crisis artificial y municipal, torpemente creada por la implementación de parquímetros que mataron el comercio formal y que abren la puerta a la economía informal.

Afortunadamente los tiempos cambian y la esperanza nunca muere, ya vendrán tiempos mejores para expropiar la privatización de las calles de la ciudad de Puebla, por causa de utilidad pública, como reza la ley y sobre todo el derecho, ese que cada día esta más alejado de la realidad municipal.

(Web: parmenasradio.org)

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